Carl Sagan incluye una cita de Russell como lema para su capítulo 17 de El mundo y sus demonios: "La percepción, sin comprobación ni fundamento no es garantía suficiente de verdad" (2001). Y la cita vale para demostrar una de las afinidades claras entre ambos, el rechazo a priorístico de cualquier tipo de dogmatismo, en términos de Hessen (1997). La experiencia directa de la verdad debe ser sometida a cuestionamiento crítico, esto es, debe encontrar una garantía más allá de su supuesta evidencia. El propio Russell, en su ejemplo de la silla, defiende que la experiencia sensorial, a diferencia de lo que defendía la tradición empirista anglosajona (Hume, Locke), es engañosa, y que las certidumbres que aportan los sentidos, como el color, la forma o la calidad de la superficie de algo, son apariencias: "Así, resulta evidente que la mesa real, si es que realmente existe, no es la misma que experimentamos directamente por medio de la vista, el oído o el tacto" (p. 7). De manera semejante Carl Sagan defiende que la ciencia se caracteriza por no dar nada por sentado: "la ciencia, apunta Ann Druyan, siempre nos está susurrando al oído: 'recuerda que ers nuevo en esto. Podrías estar equivocado. Te has equivocado antes'" (p. 53). El pensamiento de Russell y el de Sagan son, ambos, hijos del escepticismo.
Pero la manera en la que dudan ambos pensadores de la veracidad de algo es lo que les distancia. Para Sagan, la mejor herramienta para corregir errores y ofrecer garantías de verdad es el método científico positivista; para Russell, en cambio, es la lógica. Eso hace del primero un científico de lo físico y del segundo un filósofo. La verdad, para Sagan, tiene como espacio de validación el laboratorio, mientras que Russell acude al silogismo mental. La siguiente afirmación de Russell, por ejemplo, sería difícilmente aceptable para Sagan: "Así, damos cuenta simultáneamente de dos hechos: a) de que la creencia depende del espíritu en cuanto a su existencia; b) que no depende del espíritu en cuanto a su verdad." (82). Dicho de otro modo, la existencia de la realidad sólo puede legitimarse en el sujeto, que no puede aspirar a demostrar dicha existencia más allá de las fronteras de su subjetividad. Para Sagan, esa afirmación entraría dentro de lo metafísico, un espacio del que se burla y recela constantemente, en la más pura tradición del positivismo de Comte.
Por último no puedo evitar hacer una crítica filológica a ambos textos, pues pertenecen a géneros discursivos diferentes. La prosa de Sagan es divulgativa y la de Russell pertenece al género de los tratados filosóficos. La obviedad es más interesante de lo que parece pues cabe la duda de su Sagan no está simplificando en exceso su razonamiento para poder acercarse a un público relativamente amplio de lectores. El texto de Russell, a pesar de su tono didáctico, tiene un devenir lógico propio de los textos de especialidad y sus lectores naturales son sus colegas académicos, expertos en filosofía. Eso le lleva necesariamente a demostrar (con argumentos lógicos) cada una de sus afirmaciones y a profundizar en la duda ontológica de la realidad, una actitud que desde Platón acompaña los textos filosóficos en la tradición occidental. Dicho en otras palabras, el tipo de texto que escribe Russell le permite ser más radical en su escepticismo epistemológico y escalar los acantilados vertiginosos del pensamiento racional. Sagan, por el contrario, pasea las llanuras claras del sentido común de sus lectores populares.
Referencias:
Hessen
Russell, B. (2001). Misticismo y lógica. Madrid: Edhasa
Russell, B. (sf). Los problemas de la filosofía.(online). Recuperado el 17 de enero de 2012 de: http://www.enxarxa.com/biblioteca/RUSSELL%20Los%20problemas%20de%20la%20filosofia.pdf
Sagan, C. (2005). El mundo y sus demonios. La ciencia como una luz en la oscuridad. Barcelona, España: Planeta.
Bitácora del Doctorado en Innovación Educativa
martes, 17 de enero de 2012
Métodos mixtos: superación de la guerra de paradigmas
Aún no encontré datos duros, numéricos, que registren la tendencia de la investigación educativa hacia un paradigma cualitativo o cuantitativo en Latinoamérica, pero la búsqueda de información me condujo a un consenso generalizado en los artículos hallados que refieren a este asunto: los métodos mixtos, a juzgar por la opinión de los expertos en educación, representan una opción legítima en la última década.
Baste como muestra la siguiente miscelánea de citas: "El uso de este enfoque, poco ortodoxo y posiblemente ecléctico, conduce a hallazgos que no hubiera sido posible alcanzar con el uso de ninguna de las dos estrategias por separado" (Schmelkes, 2001, 84); "la caricaturezca dicotomía original es reemplazada por un continuo en el que tiene cabida con mayor comodidad la amplia gama de posturas" (Martínez Rico, 2002, 46); "A pesar de estas diferencias históricas resulta imposible que en un proceso de construcción de conocimiento un investigador pueda recurrir a una forma sin utilizar la otra" (Vera, 2005);
A tenor de lo anterior parece que la apuesta del eclecticismo paradigmático que hicieran Burke y Onwuegbuzie (2004) desde territorio científico estadounidense coincide con lo defendido por voces autorizadas de la investigación social y educativa en nuestra región. La heterogeneidad de orígenes culturales de esos autores (México, España), de años (desde 2002 a 2011), de propósitos de esos artículos (revisión del estado del arte, artículo de investigación, o artículo de reflexión teórica) añade garantía al calado de esa concepción híbrida. Si los años 80 fueron testigos, según la anterior literatura consultada, de la "guerra de paradigmas", y los 90 parecieron dar paso a una visión más dialogante y reconciliadora, parece que la década transcurrida del siglo XXI ha consolidado esa tendencia ecléctica y pragmática.
Referencias:
Burke, J. y Onwuegbuzie, A. (2004). Mixed Methods Reasearch: A Research Paradigm Whose Time Has Come. Educational Researcher, 33, October, 14-26, doi:10.3102/0013189X033007014 . Recuperado de: http://aera.net/uploadedFiles/Journals_and_Publications/Journals/Educational_Researcher/Volume_33_No_7/03ERv33n7_Johnson.pdf
Martínez Rico, F. (2002). Las disputas entre paradigmas en la investigación educativa. Revista española de pedagogía, 221, enero abril, 27-50.
Schmelkes, S. (2001). La combinación de estrategias cuantitativas y cualitativas en la investigación educativa: reflexiones a partir de tres estudios. Revista Electrónica de Investigación Educativa, 3(2), 82-94. Recuperado de: http://redalyc.uaemex.mx/pdf/155/15503205.pdf
Vera, J. (2005). La imposibilidad de separar lo observado de lo interpretado: la falsedad del empirismo y del interpretativismo como métodos distintos. Episteme, 6. Recuperado de http://www.uvmnet.edu/investigacion/episteme/numero5-05/colaboracion/a_observacion.asp
http://www2.uca.es/serv/consejo_social/doc/transferencia14.pdf
Baste como muestra la siguiente miscelánea de citas: "El uso de este enfoque, poco ortodoxo y posiblemente ecléctico, conduce a hallazgos que no hubiera sido posible alcanzar con el uso de ninguna de las dos estrategias por separado" (Schmelkes, 2001, 84); "la caricaturezca dicotomía original es reemplazada por un continuo en el que tiene cabida con mayor comodidad la amplia gama de posturas" (Martínez Rico, 2002, 46); "A pesar de estas diferencias históricas resulta imposible que en un proceso de construcción de conocimiento un investigador pueda recurrir a una forma sin utilizar la otra" (Vera, 2005);
A tenor de lo anterior parece que la apuesta del eclecticismo paradigmático que hicieran Burke y Onwuegbuzie (2004) desde territorio científico estadounidense coincide con lo defendido por voces autorizadas de la investigación social y educativa en nuestra región. La heterogeneidad de orígenes culturales de esos autores (México, España), de años (desde 2002 a 2011), de propósitos de esos artículos (revisión del estado del arte, artículo de investigación, o artículo de reflexión teórica) añade garantía al calado de esa concepción híbrida. Si los años 80 fueron testigos, según la anterior literatura consultada, de la "guerra de paradigmas", y los 90 parecieron dar paso a una visión más dialogante y reconciliadora, parece que la década transcurrida del siglo XXI ha consolidado esa tendencia ecléctica y pragmática.
Referencias:
Burke, J. y Onwuegbuzie, A. (2004). Mixed Methods Reasearch: A Research Paradigm Whose Time Has Come. Educational Researcher, 33, October, 14-26, doi:10.3102/0013189X033007014 . Recuperado de: http://aera.net/uploadedFiles/Journals_and_Publications/Journals/Educational_Researcher/Volume_33_No_7/03ERv33n7_Johnson.pdf
Martínez Rico, F. (2002). Las disputas entre paradigmas en la investigación educativa. Revista española de pedagogía, 221, enero abril, 27-50.
Schmelkes, S. (2001). La combinación de estrategias cuantitativas y cualitativas en la investigación educativa: reflexiones a partir de tres estudios. Revista Electrónica de Investigación Educativa, 3(2), 82-94. Recuperado de: http://redalyc.uaemex.mx/pdf/155/15503205.pdf
Vera, J. (2005). La imposibilidad de separar lo observado de lo interpretado: la falsedad del empirismo y del interpretativismo como métodos distintos. Episteme, 6. Recuperado de http://www.uvmnet.edu/investigacion/episteme/numero5-05/colaboracion/a_observacion.asp
http://www2.uca.es/serv/consejo_social/doc/transferencia14.pdf
lunes, 16 de enero de 2012
Actividad 3.a: Positivismo caracterizado por la teoría de Hensen
La "teoría del conocimiento" de Johannes Hessen, más que una teoría en sí es un manual de tono pedagógico que cartografía las opciones intelectuales que la historia del pensamiento occidental ha consagrado como respuesta al problema del conocimiento. De hecho, el breve tratado nació de las clases que el profesor Hessen dio en la Universidad de Colonia. Pero precisamente por ello el texto resulta una herramienta útil para caracterizar cualquier corriente filosófica. En este caso, el positivismo.
Son cinco las cuestiones que propone Hessen para ese análisis:
a) La posibilidad del conocimiento: a diferencia del credo del escepticismo, que niega la posibilidad humana de un conocimiento de la verdad, el positivismo sí confía en la razón humana como herramienta válida para entender y explicar la realidad. Pero no es dogmático, pues reconoce los límites de la razón ante cualquier experiencia que no pueda ser verificada sensorialmente y sometida a riguroso análisis científico. En ese sentido su posición se acercaría al criticismo, pues "su conducta no es dogmática ni escéptica, sino reflexiva y crítica" (p. 25). No predica una fe ciega en la razón, como muchas veces se señala, sino una fe en cierto tipo de razón pragmática aplicada a cierto tipo de realidad (la cuantificable y observable).
b) El origen del conocimiento: Para el positivismo un conocimiento verdadero sólo puede derivarse de la realidad tangible, medible, sensorial. En su famoso Discurso sobre el espíritu positivo, Augusto Comte defiende la siguiente máxima: "Toda proposición que no puede reducirse estrictamente al mero enunciado de un hecho, particular o general, no puede ofrecer ningún sentido real e inteligible" (p. 13). La fuente de toda verdad, por tanto, procede de la naturaleza, no del hombre, y los métodos y propósitos de las ciencias físicas deben extrapolarse a cualquier objeto de estudio.
c) La esencia del conocimiento: El positivismo es radicalmente objetivista, una postura según la cual, en palabras de Hessen (1997): "los objetos son algo dado, algo que presenta una estructura totalmente definida, estructura que es reconstruida por la conciencia cognoscente" (p. 37). El reto para el hombre, si desea conocer la realidad que lo rodea, es abstraerse de cualquier especulación abstracta no fundamentada en datos empíricos y mantener a raya los vuelos imaginativos de su subjetividad y los condicionantes de su cultura e historia.
d) Las especies del conocimiento: la reflexión sobre la intuición inmediata de la realidad que desarrollar Hessen no es aplicable al positivismo, para quien el descubrimiento de la realidad se deriva de la observación de lo sensorial. Conocer es un proceso activo en el que la mente debe identificar leyes naturales, regularidades, que no puede captar de forma intuitiva y directa.
e) El criterio de la verdad: para que un juicio (ley, en lenguaje positivista) sea aceptado como verdad debe ser verificado en realidad. Es decir, la ley debe predecir lo que enuncia, puesto que las leyes naturales son invariables. Baste con decir que para Comte, "positivo" significa real, útil, cierto y preciso, y a esas mismas condiciones son las claves para probar la validez de cualquier conocimiento que quiera ser reconocido como tal.
Referencias:
Hessen, J. (1997). Teoría del conocimiento. México: Porrúa.
Comte, A (1980). Discurso sobre el espíritu positivo [Ebook]. Prólogo de Javier Marías. Recuperado el 16 de enero de 2012 de: http://biblio3.url.edu.gt/Libros/comte/discurso.pdf
Son cinco las cuestiones que propone Hessen para ese análisis:
a) La posibilidad del conocimiento: a diferencia del credo del escepticismo, que niega la posibilidad humana de un conocimiento de la verdad, el positivismo sí confía en la razón humana como herramienta válida para entender y explicar la realidad. Pero no es dogmático, pues reconoce los límites de la razón ante cualquier experiencia que no pueda ser verificada sensorialmente y sometida a riguroso análisis científico. En ese sentido su posición se acercaría al criticismo, pues "su conducta no es dogmática ni escéptica, sino reflexiva y crítica" (p. 25). No predica una fe ciega en la razón, como muchas veces se señala, sino una fe en cierto tipo de razón pragmática aplicada a cierto tipo de realidad (la cuantificable y observable).
b) El origen del conocimiento: Para el positivismo un conocimiento verdadero sólo puede derivarse de la realidad tangible, medible, sensorial. En su famoso Discurso sobre el espíritu positivo, Augusto Comte defiende la siguiente máxima: "Toda proposición que no puede reducirse estrictamente al mero enunciado de un hecho, particular o general, no puede ofrecer ningún sentido real e inteligible" (p. 13). La fuente de toda verdad, por tanto, procede de la naturaleza, no del hombre, y los métodos y propósitos de las ciencias físicas deben extrapolarse a cualquier objeto de estudio.
c) La esencia del conocimiento: El positivismo es radicalmente objetivista, una postura según la cual, en palabras de Hessen (1997): "los objetos son algo dado, algo que presenta una estructura totalmente definida, estructura que es reconstruida por la conciencia cognoscente" (p. 37). El reto para el hombre, si desea conocer la realidad que lo rodea, es abstraerse de cualquier especulación abstracta no fundamentada en datos empíricos y mantener a raya los vuelos imaginativos de su subjetividad y los condicionantes de su cultura e historia.
d) Las especies del conocimiento: la reflexión sobre la intuición inmediata de la realidad que desarrollar Hessen no es aplicable al positivismo, para quien el descubrimiento de la realidad se deriva de la observación de lo sensorial. Conocer es un proceso activo en el que la mente debe identificar leyes naturales, regularidades, que no puede captar de forma intuitiva y directa.
e) El criterio de la verdad: para que un juicio (ley, en lenguaje positivista) sea aceptado como verdad debe ser verificado en realidad. Es decir, la ley debe predecir lo que enuncia, puesto que las leyes naturales son invariables. Baste con decir que para Comte, "positivo" significa real, útil, cierto y preciso, y a esas mismas condiciones son las claves para probar la validez de cualquier conocimiento que quiera ser reconocido como tal.
Referencias:
Hessen, J. (1997). Teoría del conocimiento. México: Porrúa.
Comte, A (1980). Discurso sobre el espíritu positivo [Ebook]. Prólogo de Javier Marías. Recuperado el 16 de enero de 2012 de: http://biblio3.url.edu.gt/Libros/comte/discurso.pdf
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