La "teoría del conocimiento" de Johannes Hessen, más que una teoría en sí es un manual de tono pedagógico que cartografía las opciones intelectuales que la historia del pensamiento occidental ha consagrado como respuesta al problema del conocimiento. De hecho, el breve tratado nació de las clases que el profesor Hessen dio en la Universidad de Colonia. Pero precisamente por ello el texto resulta una herramienta útil para caracterizar cualquier corriente filosófica. En este caso, el positivismo.
Son cinco las cuestiones que propone Hessen para ese análisis:
a) La posibilidad del conocimiento: a diferencia del credo del escepticismo, que niega la posibilidad humana de un conocimiento de la verdad, el positivismo sí confía en la razón humana como herramienta válida para entender y explicar la realidad. Pero no es dogmático, pues reconoce los límites de la razón ante cualquier experiencia que no pueda ser verificada sensorialmente y sometida a riguroso análisis científico. En ese sentido su posición se acercaría al criticismo, pues "su conducta no es dogmática ni escéptica, sino reflexiva y crítica" (p. 25). No predica una fe ciega en la razón, como muchas veces se señala, sino una fe en cierto tipo de razón pragmática aplicada a cierto tipo de realidad (la cuantificable y observable).
b) El origen del conocimiento: Para el positivismo un conocimiento verdadero sólo puede derivarse de la realidad tangible, medible, sensorial. En su famoso Discurso sobre el espíritu positivo, Augusto Comte defiende la siguiente máxima: "Toda proposición que no puede reducirse estrictamente al mero enunciado de un hecho, particular o general, no puede ofrecer ningún sentido real e inteligible" (p. 13). La fuente de toda verdad, por tanto, procede de la naturaleza, no del hombre, y los métodos y propósitos de las ciencias físicas deben extrapolarse a cualquier objeto de estudio.
c) La esencia del conocimiento: El positivismo es radicalmente objetivista, una postura según la cual, en palabras de Hessen (1997): "los objetos son algo dado, algo que presenta una estructura totalmente definida, estructura que es reconstruida por la conciencia cognoscente" (p. 37). El reto para el hombre, si desea conocer la realidad que lo rodea, es abstraerse de cualquier especulación abstracta no fundamentada en datos empíricos y mantener a raya los vuelos imaginativos de su subjetividad y los condicionantes de su cultura e historia.
d) Las especies del conocimiento: la reflexión sobre la intuición inmediata de la realidad que desarrollar Hessen no es aplicable al positivismo, para quien el descubrimiento de la realidad se deriva de la observación de lo sensorial. Conocer es un proceso activo en el que la mente debe identificar leyes naturales, regularidades, que no puede captar de forma intuitiva y directa.
e) El criterio de la verdad: para que un juicio (ley, en lenguaje positivista) sea aceptado como verdad debe ser verificado en realidad. Es decir, la ley debe predecir lo que enuncia, puesto que las leyes naturales son invariables. Baste con decir que para Comte, "positivo" significa real, útil, cierto y preciso, y a esas mismas condiciones son las claves para probar la validez de cualquier conocimiento que quiera ser reconocido como tal.
Referencias:
Hessen, J. (1997). Teoría del conocimiento. México: Porrúa.
Comte, A (1980). Discurso sobre el espíritu positivo [Ebook]. Prólogo de Javier Marías. Recuperado el 16 de enero de 2012 de: http://biblio3.url.edu.gt/Libros/comte/discurso.pdf
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